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La Bella Luscinda Busca a su Amado

Narrativa

Cuenta en su relato Cide Hamete Benengeli, que la bella Luscinda, hija de un acomodado señor andaluz, tenía su amor entregado al que desde la infancia jurase fidelidad (y él a ella). Cardenio (personaje aparecido en esta “wikinovela” que los sucesivos ejes argumentales aclararán si se trata de la misma persona), que tal era el nombre del amado de Luscinda, fue traicionado por aquel a quien servía, y que él creía mejor amigo, cuando de manera artera le robó a su amada para casarse con ella. Perdida la cordura, Cardenio se echó al monte y vino a vivir como un salvaje en Sierra Morena, donde se topó con el famoso caballero de La triste Figura a quién contaría parte de su tragedia.

Entre tanto, Luscinda, a punto de ser desposada por el fementido amigo, Fernando se llamaba, huyó para refugiarse en un monasterio donde, entre otras cosas, se dio a la lectura de libros de caballería; fue entonces cuando cayó en sus manos cierta novela que ¡Oh, maravilla! refería una cuita que parecíase tanto a la suya, que incluso en los nombres coincidía. Su hilo conductor, venía a ser aquel caballero llamado de la Triste Figura y como quiera que la poca atención, o lo que fuera, le llevase a emplearse en la lectura de un segundo volumen que narraba nuevas aventuras del mencionado hidalgo, asegurando que podría hallarse éste en cierta posada situada a media legua de la cuesta de Zulema, junto a las riberas del Henares, río que pasa por Alcalá, Luscinda apresuró llegarse a dicho lugar, que era conocido como la Posada del Diablo. Y allí, ocurrió lo que sigue con un misterioso personaje entrado en años, lisiado del brazo izquierdo para más señas, que sentado a una mesa y afanado en la escritura, oyéndola pronunciar el nombre del caballero apartó a un lado pluma y papel y se dirigió a Luscinda en los siguientes términos:

 

–Señora confundís la venta por confundir la lectura.

–No os entiendo señor ¿Qué queréis decir?

–Quiero decir que conozco al Caballero de la Triste Figura, para más señas Alonso Quijano, y también sé que el tal caballero en sus andanzas visitará tres ventas, dos ya nombradas en la primera parte y una que lo será en la segunda, concretamente en el capítulo veinticuatro. Me temo que se os ha dado en leer esa falsa historia que anda por ahí confundiendo a propios y extraños…

–¿Y quién sois vos que tanto parecéis saber de todo? Y de hallarlo donde decís ¿Podrá darme Alonso Quijano razones de mi amado?

–Podrá –afirmó el lisiado que en aquel instante, viendo que entraba alguien a quien por lo visto parecía esperar gritó:

–¡A vos estaba aguardando, Avellaneda!

 

 

Enrique Javier De Lara
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