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URGANDA Y MILAGROS

Narrativa

¡Ay, aquellas lavanderas!

¡Ay, de esas tejedoras!

¡Ay, de las espigadoras!

¿Qué es de las escritoras?

 

Cuando así cantaba Elicia ya sabía Urganda que llegaba un meteorito, un mensaje de tiempos remotos,  a lomos de grandes tempestades, anunciado en el acrostolio de una estrella balaje de la tierra, que en la gran ceremonia del llanto apareció del barro a la ceniza.

Y en el espejo de la tierra, atravesando la frontera de humo en gira nocturna, salieron todas las gatas de Madrid, hermanas de la diosa Bastet, habitando la sombra, el país de la mujeres olvidadas, con la inevitable voz de toda la filosofía griega, aquella que nos enseñó que no sabemos solos, porque el saber es de todas y para todas las personas.

Y, en una jornada de retorno, como si Cervantes volviera de la China hasta el mismísimo Kilómetro Cero de Madrid, allí podría leer:

Kilómetro Cero

punto redondo

que se abre a los caminos

que me propongo.

Y al aparecer los últimos madroños, cuando voló la cometa de tres colores, Don Quijote lloró, y de su lágrima surgieron algunos de aquellos mil parnocikles y también algunos pícaros pornocikles ucrónicos, como: «los hombres tienen dos testículos; las mujeres,  dos o varios», «el condón es para los señores, si fuera para las señoras sería condoña». Y entonces, eternamente enamorado, don Quijote volvió a soñar Noche de tul sobre la piel.

Cuando Urganda y Elicia dejaron a las lavanderas en aquel párvulo Manzanares, de quien ya dijo el poeta «que nunca en lo crecido y abundoso/cifró naturaleza lo precioso…».

Pero puedes presumir

y contemplarte gozoso,

pues sabes que eres famoso,

a tu paso por Madrid.

 

Las dos adivinas: Elicia, la urraca, y Urganda, la hechicera, para mejor conectar con las estrellas, nada más anochecer se encaramaron en la Torre Narigües de Madrid y desde allí oyeron voces que venían desde los Altos de Rebeque, voces como proféticas, que no entendieron pero alcanzaron a transmitir:

―EñE de sonoro latir. Y, como dijo Umbral: «España, coño». Alfredo perdió la O en una extraña explosión y se la encontró Milagros. Salvador, Salvador, será Nobel.

¡Ay, Urganda, Urganda, que predices como taurina Veneranda y adivinas como el gran Piscator Torres Villarroel de Salamanca: Milagros,

AGUSTINA GARCÍA MANZANO

Agustina García Manzano nació en Salamanca en 1959, es profesora de lengua castellana y literatura, y artes escénicas, en el Instituto Lope de Vega de Madrid. Pertenece a la AIH (Asociación Internacional de Hispanistas.) Ha publicado "Morder estrellas. El misticismo de Clarice Lispector," sobre esta escritora brasileña de origen ucraniano y familia judía.

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